Además de la violencia entre iguales, en los institutos de Educación Secundaria existe una gran conflictividad en el aula que afecta muy negativamente no solo al proceso de enseñanza-aprendizaje, sino también al profesorado, y esa conflictividad que llega a alcanzar cotas de la violencia real, de alta intensidad, puede hacer que el acoso entre iguales quede como algo periférico. La casi total ausencia de la autoridad docente ha traído como consecuencia, que bastantes alumnos durante las clases presenten conductas inadecuadas, como es el comer chucherías o escuchar música en su walkman mostrando total desinterés hacia las explicaciones y figura de su profesor, cuando no, interrumpiendo las clases por su frecuente impuntualidad, llamando en voz alta a algún compañero, haciendo comentarios inoportunos a voz en grito, levantándose de su sito sin el permiso del profesor, enzarzándose con algún compañero dialéctica o físicamente, e incluso humillando descaradamente a su profesor. Estas situaciones, absolutamente habituales en muchas aulas durante las clases, provocan un importante descontento en el profesorado, que llega a sentir miedo o angustia previo a entrar en determinadas aulas.
Algunos alumnos/as presentan problemas muy serios de comportamiento, comportándose de forma grosera y desconsiderada, y muestran hacia su profesor/a o hacia sus compañeros una elevada agresividad física o verbal sin justificación alguna. Si bien es cierto que en general se trata de una violencia de “baja intensidad” (ruidos intencionados, chillidos estridentes, palabras malsonantes u obscenas en medio de una explicación, sin que muchas veces el profesor pueda reconocer o identificar su origen), no es menos cierto que este tipo de comportamiento crea un estado de tensión tal que tiene dosis de agresividad propia de la violencia real, de una violencia de alta intensidad que afecta sobre todo al profesorado. Ante estas conductas disruptivas, el profesor, una vez agotadas sus “estrategias pedagógicas”, trata de controlar la situación y el orden de la clase poniendo “partes” o “apercibimientos” graves y/o leves a esos alumnos conflictivos ante la Jefatura de Estudios, y cuya acumulación puede originar la apertura de “expedientes disciplinarios” al alumno/a en cuestión.
Las aulas, a menudo se convierten en verdaderos campos de batalla, por múltiples razones, y en esas condiciones desempeñar la tarea de profesor, exige disposiciones que podrían calificarse de “casi heroicas”.
En nuestro país la violencia hacia el docente no es muy común pero de un tiempo hacia acá eso esta cambiando ademas en el caso de niños de primaria son sus padres quienes agreden a los maestros, aquí una publicacion del diario "El observador" donde dice que cada 15 dias es agredido un maestro, "Cada dos semanas aproximadamente un maestro es víctima de una agresión física por parte de los padres o tutores de sus alumnos" afirmó el director general de Primaria, Héctor Florit. El jerarca explicó que la violencia es difícil de cuantificar porque no siempre se llega a casos de gravedad. Muchas veces las agresiones son verbales, como insultos, agravios o amenazas, y en estos casos no es posible llevar un registro estricto.
Por su parte, Raquel Bruschera, dirigente de la Asociación de Maestros del Uruguay (Ademu), dijo que si bien en el sindicato no tiene cifras sobre agresiones, sí saben que los casos son cada vez más frecuentes en comparación con años anteriores.
Abogado y escribano
En el encuentro del lunes, las autoridades del CEIP comunicaron al sindicato que en estos días se realizará un llamado para proveer un cargo de abogado y otro de escribano, que en el marco del programa Escuelas Disfrutables, orienten, asesoren y apoyen a los docentes ante situaciones de violencia y conflictos en los centros escolares, manifestó Florit.
¿Cual sera la solución para este mal que viene tomando fuerza en los últimos años?
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